Economía: Las Guerras del Opio y el monopolio que arruinó a China

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El opio creó fortunas generacionales —que perduran hasta hoy— para traficantes británicos, estadounidenses y judíos bagdadíes, aunque el precio lo pagó China: el imperio más rico y grande de su tiempo, hundido por la adicción de millones.

Durante principios de los años 1700, Gran Bretaña estaba importando grandes cantidades de productos como el té, la seda y la porcelana del Imperio Qing, hoy en día China, bajo su empresa la Compañía Británica de las Indias Orientales, British East India Company (EIC, por sus siglas en inglés), una de las empresas más grandes del mundo en ese entonces, haciendo comercio con ellos únicamente con plata. Mientras grandes cantidades de plata salían de Gran Bretaña hacia China, China no importaba nada de Gran Bretaña, provocando un déficit estructural en la balanza comercial y un drenaje masivo de plata británica.

Esto llevó a que la EIC diseñara, en la década de 1770, una red de producción de opio en la India con el fin de que se vendiera ilegalmente dentro del Imperio Qing, la segunda población más grande en ese entonces, para poder recuperar plata británica para Gran Bretaña. El opio era una sustancia extremadamente adictiva que en China ya se conocía desde hacía siglos: tradicionalmente se ingería con fines medicinales, y con el tiempo también se popularizó la práctica de fumarlo en pipa, una forma mucho más adictiva. Sin embargo, fue la EIC la que lo industrializó y lo escaló a niveles que ningún consumo previo había alcanzado.

La EIC logró diseñar un monopolio estatal sobre la producción y la fijación de precios del opio indio en regiones como Bengala y Bihar, con el objetivo de venderlo en plata a empresas privadas británicas dentro de la India para su tráfico y distribución hacia China, mayormente a través del puerto de Cantón (Guangzhou). Al ser Bengala una de las regiones bajo control gubernamental de la EIC durante el periodo conocido como Gobierno de la Compañía (c. 1757–1858), la Compañía legalizó ahí la compra y venta de opio para poder expandir sus cultivos, procesarlos en fábricas y venderlos a terceros en las subastas del puerto de Calcuta, donde esas empresas compraban el opio que luego contrabandeaban hacia el mercado chino.

-Subasta de opio de la EIC en Calcuta: aquí los traficantes compraban el opio de Bengala que luego introducían en China a través de Guangzhou (Cantón), donde la corrupción de los oficiales locales facilitaba el contrabando.

Aun cuando la EIC no se encargaba directamente del tráfico ilegal de opio hacia China, era plenamente consciente de que su producción tenía como destino el mercado chino. Además, la EIC ejercía un control absoluto sobre la producción y la fijación de precios del opio, lo que le permitió consolidar su monopolio y convirtió a la ciudad de Calcuta en el principal punto de compra del opio que producía con destino a China.

A principios del siglo XVIII, se estima que la China Qing era la mayor potencia económica del mundo, con un control aproximado del 30 % del PIB mundial. Esto se debía a su enorme producción agrícola —principal motor de las economías de la época—, potenciada por el arroz, el trigo y la llegada de nuevos cultivos americanos como el maíz y el camote, que alimentaban a una población en constante crecimiento. Asimismo, contaba con un monopolio en la manufactura de bienes de lujo altamente codiciados como la seda, la porcelana y el té. Aunque Gran Bretaña expandía su imperio colonial en el Atlántico y las Américas (las Trece Colonias, Jamaica, etc.), seguía dependiendo en gran medida de la compra de productos del Imperio Qing.

El tráfico de opio fue la fórmula que encontró Gran Bretaña para corregir su déficit comercial con la China Qing. Hasta entonces, los británicos compraban té principalmente con plata, y esa plata se quedaba en China, ya que el Imperio Qing no tenía necesidad de comprar productos británicos. Con el opio, la EIC pasó a generar ingresos en plata vendiéndoselo a las empresas traficantes en la India, y esa misma plata se usaba después para comprar el té chino destinado al mercado europeo.

Durante las décadas de 1770 y 1780, el opio en China se consumía principalmente en su clase alta, como los oficiales de alto rango y los comerciantes, y entraba por el puerto chino de Guangzhou (Cantón) y la provincia de Guangdong, que funcionaron como el principal punto de entrada y distribución a través de las redes comerciales y fluviales del sur del país, haciendo que las empresas británicas que le compraban opio a la EIC se enriquecieran considerablemente con su venta a los chinos. Este comercio se expandió rápidamente entre las décadas de 1780 y 1810 debido a su carácter adictivo, y terminó transformándose en una adicción masiva con impactos sociales y económicos visibles en amplias regiones de la costa china, ya que la distribución de opio avanzó hacia el norte desde el sur, alcanzando provincias del sureste y el este como Fujian, Zhejiang y Jiangsu, esta última ya en el delta del río Yangtsé, dejando de afectar solamente a chinos de ingresos altos y empezando a afectar por igual a trabajadores urbanos, soldados, marineros y artesanos.

La distribución y el tráfico de opio en China se hacían a través de empresas extranjeras de comercio que tenían oficina en el puerto chino de Guangzhou (Cantón), con la EIC como el principal proveedor de opio para todas esas firmas involucradas en el negocio ilegal. La adicción masiva llegó a su extremo en la década de 1820, cuando logró expandirse hacia las provincias del norte de China y de China interior, la corrupción se extendió, numerosas familias se empobrecieron, amplias unidades militares se vieron afectadas por la adicción al opio y el drenaje de plata se hizo visible en todo el imperio.

Para la década de 1820 empezaron a surgir nuevas empresas que quisieron aprovechar el mercado ilegal del opio en China; entre ellas, una de las más controvertidas fue la estadounidense Russell & Co., fundada en 1824 en Boston, Massachusetts, que tenía sus operaciones principales en Cantón (Guangzhou) y fue la mayor casa mercantil estadounidense en el Imperio Qing. Russell & Co. se aprovechó del sistema que la EIC diseñó y del modelo de negocio de las otras empresas británicas traficantes de opio para convertirse en uno de los principales beneficiarios de la crisis del opio que tenía China.

Uno de los aspectos más controvertidos de Russell & Co. está relacionado con sus dueños, las familias mercantiles de Boston, que eran los Perkins, los Forbes y los Delano, y que invirtieron las ganancias de procedencia ilícita del opio en las crecientes industrias estadounidenses para expandir su fortuna. De hecho, el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, quien gobernó durante la Segunda Guerra Mundial, fue nieto de Warren Delano Jr., uno de los actores más importantes en el tráfico ilegal de opio en China con la empresa Russell & Co.

Russell & Co. tenía el mismo modelo de negocio que las otras empresas británicas que estuvieron en el tráfico ilegal de opio en China. A diferencia de las firmas británicas, Russell & Co. estaba excluida del monopolio británico sobre el opio indio, por lo que en sus inicios se especializó en traficar opio turco proveniente de Esmirna (Anatolia); con el tiempo, también compraba opio indio de manera legal a la EIC dentro de sus subastas de opio en el puerto de Calcuta, Bengala, para luego traficarlo en Cantón (Guangzhou) y distribuirlo. Russell & Co. llegó a convertirse en uno de los clientes que le compraba más opio a la EIC para traficarlo hacia China y en una de las empresas que lograron dominar el tráfico de opio hacia China y distribuirlo de manera eficaz dentro del imperio, rebasando a algunas empresas británicas que ya habían estado activas en el tráfico ilegal de opio hacia China décadas antes que ellos.

-El presidente Franklin Delano Roosevelt fue nieto de Warren Delano Jr., alto socio de Russell & Co.: un ejemplo de cómo las fortunas del opio se reinvirtieron y perduraron en las élites estadounidenses durante generaciones.

Después de la década de 1820, cuando la adicción estaba en su pico, llegaron muchos actores que pudieron empeorar la situación del opio con más eficacia en su tráfico y distribución, y entre ellos surgió la empresa británica Jardine Matheson, la empresa que logró traficar la mayor cantidad de opio hacia China. Jardine Matheson fue una empresa comerciante fundada en 1832 con el único propósito de entrar al mercado creciente del opio en China.

Uno de los fundadores de Jardine Matheson fue William Jardine, quien fue cirujano de barco de la EIC, y su experiencia previa dentro de la Compañía le proporcionó a la firma un acceso temprano a las cadenas de suministro, al capital y a las redes imperiales. William Jardine entró al mercado con conocimiento de cómo funcionaba el sistema del opio por dentro: sabía cómo se producía el opio indio en la región de Bengala y ya estaba familiarizado con las subastas de opio en Calcuta, Bengala. Aunque entró tarde al negocio del opio en comparación con otras, la sincronización fue favorable para la empresa, porque entró cuando los volúmenes de producción de opio indio se habían disparado en Bengala, los precios cayeron y la demanda pasó a ser de carácter masivo dentro de China. 

Jardine Matheson tenía muchas ventajas de las que Russell & Co. carecía, siendo la más importante que era una empresa británica y no estadounidense, lo que le traía préstamos y financiamiento del comercio de bancos ingleses, posesión de sus propias flotillas de barcos para un transporte más barato y con protección incluida de la flota imperial británica en las rutas marítimas hacia el puerto de Cantón (Guangzhou), y favoritismo en las subastas de opio en Calcuta, Bengala. Gracias a su logística naviera superior y a un mayor poder de influencia política, operaba con volúmenes más elevados, incomparables con los de otras firmas grandes como Russell & Co. A través de archivos británicos, registros privados de empresas y documentos de la EIC, los historiadores estiman que durante la década de 1830 Jardine Matheson concentraba aproximadamente entre el 20 % y el 30 % del total de los envíos privados a China por año.

La empresa original, Jardine, Matheson & Co., fundada en 1832 en Cantón (Guangzhou), evolucionó a lo largo del tiempo y logró sobrevivir durante los siglos XIX, XX y XXI. En la actualidad continúa existiendo como Jardine Matheson Holdings Limited, un conglomerado multinacional que cotiza en bolsa y que se encuentra listado en la Bolsa de Valores de Londres (LSE), con cotizaciones secundarias en Singapur y Bermudas.

Hay pruebas de que las prohibiciones contra el opio en China ya estaban emitidas por el Imperio Qing desde 1729, y para el año 1839 China ya estaba completamente en crisis social, provocada por el «ecosistema» de contrabando de opio que alimentaba su adicción masiva en muchas regiones dentro del Imperio Qing. Lin Zexu fue nombrado comisionado imperial de Guangzhou en 1839 por el emperador Daoguang para reprimir el tráfico de opio.

Ese mismo año, el comisionado imperial Lin Zexu tomó medidas decisivas y confinó a aproximadamente 350 comerciantes extranjeros (en su mayoría británicos y estadounidenses) dentro de sus edificios comerciales, conocidos como las Trece Factorías de Guangzhou (Cantón), para obligarlos a que entregaran todo el opio que tenían. Permanecieron retenidos durante seis semanas, hasta que finalmente accedieron a entregar más de 20,000 cofres de opio, los cuales fueron confiscados y destruidos en Humen; además, Lin Zexu exigió que los comerciantes extranjeros firmaran compromisos para detener el comercio.

Esto provocó que se armara una coalición de intereses británicos del opio en Londres, con Jardine Matheson en su núcleo. El opio confiscado y destruido incluía grandes cantidades que eran propiedad de Jardine Matheson o estaban financiadas por ellos. Está documentado que William Jardine, uno de los fundadores y socios de Jardine Matheson, viajó personalmente a Londres y presionó al gobierno británico, a la Oficina de Relaciones Exteriores y al Parlamento para abogar por la guerra contra China, argumentando la violación de los derechos de propiedad británicos, la obstrucción del libre comercio e insultos al honor nacional británico. Jardine Matheson logró transformar la represión de una sustancia ilícita en una crisis geopolítica, al conseguir que las autoridades británicas aceptaran el encuadre promovido por los comerciantes y enviaran fuerzas navales a China, lo que dio inicio a la Primera Guerra del Opio (1839–1842).

La Primera Guerra del Opio comenzó a finales de 1839 con ataques navales británicos, de la fuerza naval más grande y avanzada de ese entonces, a lo largo de la costa sur de China, particularmente en Guangzhou (Cantón) y el delta del río de las Perlas, imponiendo presión naval y bloqueos limitados, y transformando una disputa comercial en un conflicto militar abierto entre el Imperio Qing y Gran Bretaña. Gran Bretaña comprendió rápidamente que combatir únicamente en Cantón no bastaría para forzar la capitulación de la dinastía Qing, por lo que la primera gran escalada hacia el norte comenzó en 1840 con la captura de Zhoushan, una isla estratégica que controlaba el acceso a importantes ciudades como Ningbo y a la bahía de Hangzhou. Para 1841, las defensas costeras de los Qing colapsaron rápidamente y Gran Bretaña logró capturar los puertos de Xiamen (Amoy), Dinghai (en la isla de Zhoushan), Zhenhai y Ningbo, entre otros puntos costeros.

-Ataques navales británicos sobre Guangzhou (Cantón) durante la Primera Guerra del Opio (1839–1842).

En 1842 tuvo lugar la fase decisiva del conflicto, marcada por el avance de la flota británica a lo largo del bajo río Yangtsé, la toma de Shanghái y de puntos estratégicos adyacentes, y la interrupción del sistema de transporte de grano, lo que forzó al Estado Qing a negociar. Enfrentando el colapso económico y la impotencia militar, los Qing se vieron obligados a firmar el Tratado de Nankín (1842), el cual cedió Hong Kong a Gran Bretaña y abrió los puertos de Guangzhou (Cantón), Xiamen, Fuzhou, Ningbo y Shanghái a los comerciantes extranjeros, cuando anteriormente Cantón era el único puerto de tratado disponible para ellos.

Desde el inicio de la Primera Guerra del Opio empieza el periodo conocido en China como el Siglo de la Humillación Nacional (1839-1949), durante el cual las potencias coloniales limitaron el control del Imperio Qing sobre los puertos chinos y eliminaron la capacidad de China para imponer la ley a los comerciantes extranjeros. Las condiciones posteriores a la Primera Guerra del Opio fueron significativamente más favorables para los comerciantes de opio que antes de la guerra: las autoridades Qing perdieron el poder de imponer la ley sobre los extranjeros, se abrieron nuevos mercados tras los puertos de tratado y el contrabando se volvió más seguro y barato.

Esto trajo que Shanghái reemplazara gradualmente a Guangzhou (Cantón) como el principal nudo comercial y del opio, por ser el acceso a las regiones interiores más ricas y pobladas de China, así como a la desembocadura del río Yangtsé.

La posguerra de la Primera Guerra del Opio trajo una expansión de nuevos jugadores en el tráfico ilegal de opio hacia China, debido a las nuevas condiciones favorables para los traficantes. Esto dio entrada a actores clave como la familia judía de los Sassoon. David Sassoon fue un judío originario de Bagdad, una ciudad de Medio Oriente que en aquel entonces formaba parte del Imperio otomano. En 1832, escapó junto con su familia de la persecución en esa ciudad y encontró refugio en Bombay (Mumbái), el puerto indio más importante bajo control de la EIC durante el periodo del Gobierno de la Compañía (c. 1757–1858). Viniendo de una familia de comerciantes, llegó a Bombay con la red mercantil de su padre por todo el Medio Oriente y se alineó de inmediato con los intereses imperiales británicos, siguiendo de cerca su paralizante déficit comercial con China, aunque su gran salto en el tráfico de opio vendría después de la guerra.

David Sassoon y su familia llegaron a convertirse en uno de los actores principales dentro del tráfico de opio hacia China. Inmediatamente cuando llegó a la India británica, empezó a aprovechar el mercado del opio chino, pero, a diferencia de otros traficantes establecidos en la región de Bengala, la familia Sassoon era de los pocos actores independientes de la producción de la EIC: no dependía de las subastas de la Compañía en Calcuta, ya que se abastecía únicamente de opio indio de la región de Malwa, una región independiente que no era territorio de la EIC.

Los Sassoon no eran actores principales antes de la Primera Guerra del Opio, como sí lo eran Jardine Matheson o Russell & Co., ya que hasta entonces el tráfico de opio en el puerto de Guangzhou (Cantón) estaba extremadamente consolidado por empresas británicas y estadounidenses. La guerra los favoreció con los nuevos puertos de tratado y un menor riesgo en el tráfico, y les abrió las puertas del puerto de Shanghái, lo que les permitió expandir aún más su tráfico y distribución de opio hacia China. Con su nueva base de operaciones en Shanghái, para las décadas de 1850 y 1860 los Sassoon se encontraban entre los mayores mercaderes de opio en China.

Entre 1860 y 1870, en su apogeo, se estima que los Sassoon llegaron a controlar aproximadamente el 70 % del tráfico de opio en China. Al comprar el opio directamente en la fuente, en la región de Malwa, y no a la EIC en Calcuta, sus costos eran drásticamente más bajos que los de su competencia, lo que les permitió vender a precios tan baratos que sus rivales occidentales no pudieron competir. Esto contribuyó a la caída de casas comerciales como la británica Dent & Co., que quebró en 1867, mientras que firmas como Jardine Matheson fueron retirándose gradualmente del negocio del opio para diversificarse hacia otros sectores.

Las colosales ganancias que la familia Sassoon obtuvo envenenando a millones de chinos con el opio indio se reinvirtieron décadas después en los bienes raíces de Shanghái, la ciudad más glamorosa y rica de Asia entre las décadas de 1920 y 1930. El empresario británico Sir Victor Sassoon, bisnieto de David Sassoon, trasladó las operaciones de la firma de la India a Shanghái en 1923, aprovechando que en ese entonces era considerada una ciudad sin ley y llena de vicios. Los Sassoon llegaron a formar un imperio inmobiliario de más de 1,800 propiedades concentradas en Shanghái; cobraban rentas en buena parte de su distrito financiero, impulsaron la edad de oro del entretenimiento y las apuestas a través de sus hoteles de lujo y sus carreras de caballos, y transformaron una ciudad de casas bajas en una de las metrópolis más modernas de Oriente. La riqueza del tráfico ilegal de opio se materializó así en algunos de los primeros rascacielos de Asia y en grandes complejos residenciales, hasta volver a los Sassoon en uno de los mayores propietarios de Shanghái.

Antes del apogeo de los Sassoon, durante la década de 1850, Gran Bretaña se había quedado insatisfecha con el Tratado de Nankín (1842), el acuerdo que había sellado su victoria en la Primera Guerra del Opio: quería la legalización del opio, más puertos de tratado y expandir sus privilegios comerciales dentro de China. En octubre de 1856, las autoridades chinas abordaron el Arrow en Guangzhou (Cantón), un barco de propiedad china que tenía un registro británico expirado en Hong Kong y que era sospechoso de contrabando, y arrestaron a sus 12 tripulantes. El gobernador británico de Hong Kong, John Bowring, alegó que durante el abordaje se había arriado la bandera británica y declaró ese incidente como un insulto a la soberanía británica y una violación de los derechos de extraterritorialidad, exigiendo la liberación de los tripulantes y una disculpa formal. Las autoridades chinas accedieron a liberar a los tripulantes, pero rechazaron ofrecer una disculpa, ya que estos eran súbditos chinos y habían sido arrestados dentro de China.

Casi al mismo tiempo del incidente del Arrow, un misionero católico francés, Auguste Chapdelaine, fue arrestado por las autoridades chinas por operar ilegalmente fuera de los puertos de tratado, en la provincia de Guangxi, y terminó ejecutado por predicación no autorizada, lo que el imperio francés declaró como una vulneración de las protecciones religiosas. Tras los casos del Arrow y de Chapdelaine, Francia y Gran Bretaña los usaron como pretexto para declararle la guerra al Imperio Qing, dando inicio a la Segunda Guerra del Opio (1856–1860); en 1857 conformaron una fuerza expedicionaria conjunta para invadirlo. Con sus buques de guerra a vapor y artillería moderna, ambas potencias bombardearon Guangzhou (Cantón) y bloquearon puertos chinos en la costa sur del imperio.

Después de la captura de Guangzhou (Cantón) en 1857, las flotillas anglo-francesas expandieron sus ataques hacia la costa norte de China y en 1858 capturaron los Fuertes de Taku (Dagu) cerca de Tianjin, obligando al Imperio Qing a firmar los Tratados de Tianjin (1858). Los Tratados de Tianjin (1858) establecían que se abrieran más de 10 nuevos puertos de tratado en China, que se permitiera a diplomáticos extranjeros residir en Pekín, la expansión de los derechos de extraterritorialidad, la legalización de la actividad misionera extranjera, la aceptación implícita del comercio del opio y el pago de indemnizaciones a Gran Bretaña y Francia. Los Tratados de Tianjin (1858) fueron firmados por el Imperio Qing bajo presión y no se habían aceptado o implementado por completo debido a que no le favorecían a China, lo que provocó una resistencia contra las fuerzas anglo-francesas y que la guerra se reanudara con mayor intensidad.

En 1859, la resistencia Qing logró repeler a las fuerzas de Gran Bretaña y Francia en los Fuertes de Taku (Dagu), en Tianjin, y bloquear temporalmente su acceso hacia Pekín. Al año siguiente, en 1860, los Qing fallaron en expulsar a ambas potencias de China, que terminaron capturando la capital, incendiando el histórico Antiguo Palacio de Verano (Yuanmingyuan) y forzando al Imperio Qing a aceptar los Tratados de Tianjin (1858) mediante la Convención de Pekín (1860), lo que puso fin a la Segunda Guerra del Opio.

Con la legalización del opio, provocada por los Tratados de Tianjin (1858) tras la derrota del Imperio Qing en la Segunda Guerra del Opio (1856–1860), se vio un incremento drástico en el consumo década tras década por todo el país. Se empezó a producir de manera doméstica, especialmente en el suroeste, donde las provincias de Yunnan, Guizhou y Sichuan concentraban las plantaciones de amapola más grandes de China. Por la legalización, los comerciantes extranjeros de opio indio fueron perdiendo relevancia frente a la nueva competencia del opio chino, a pesar de que había sido el opio indio el que creó la demanda y normalizó su consumo en todo el país.

Es entre la década de 1880 y principios de la de 1900 cuando se identifica el auge del consumo de opio en China: el Imperio Qing documentó que en esos tiempos había decenas de millones de consumidores por todo el país, y en algunas regiones entre el 10 y el 15 por ciento de la población consumía opio regularmente, lo que convirtió a China en la sociedad más consumidora de drogas del mundo en ese entonces. Fue en 1907 cuando se firmó el Acuerdo Anglo-Chino sobre el Opio, un convenio bilateral formal entre el gobierno Qing y Gran Bretaña para eliminar gradualmente su comercio y consumo en el país. Este acuerdo fue la primera vez que Gran Bretaña se comprometió oficialmente a reducir el tráfico de opio indio hacia China, fijando una disminución de sus exportaciones del 10 % anual.

Gran Bretaña comenzó a enfrentar presión moral tras décadas de críticas de fuertes movimientos antiopio (misioneros, reformadores, el Parlamento); además, el opio ya no era económicamente esencial para el comercio del té, y la India contaba con otras fuentes de ingresos. El acuerdo logró frenar el tráfico de opio extranjero hacia China, pero no fue eficaz para detener el consumo interno; lo único que consiguió fue expandir la producción doméstica.

Hubo factores que detuvieron el declive del consumo de opio en China, como el colapso del Imperio Qing en 1911, provocado parcialmente por crisis políticas que erosionaron su legitimidad, sobre todo sus derrotas frente a fuerzas invasoras, entre las que destacan las Guerras del Opio y la Primera Guerra Sino-Japonesa (1894–1895). Ese colapso desembocó en una guerra civil y propició invasiones del imperio japonés, sumamente desfavorables para el pueblo chino, que generaron una inestabilidad social y económica que prolongó el consumo de opio durante décadas.

-Shanghái en su edad dorada (décadas de 1920 y 1930): la crisis del opio que iniciaron la EIC, Jardine Matheson y los Sassoon siguió marcando a China más de un siglo después.

Con la victoria del comunismo en la guerra civil china y el colapso del imperio japonés, Mao Zedong proclamó oficialmente la fundación de la República Popular China en Pekín, el 1.º de octubre de 1949. Una de las primeras políticas que implementó el gobierno comunista, ya en el poder, fue una campaña nacional de represión inmediata contra el opio (1949–1951), dirigida contra su consumo y su tráfico, que el régimen calificaba como un «veneno imperialista» y como una de las principales herencias del Siglo de la Humillación Nacional.

Esta campaña consistía en la erradicación de la economía del opio a través del combate contra los cultivos del suroeste de China, el tráfico, los fumaderos, los adictos y las antiguas redes criminales (muchas de ellas heredadas de finales de la dinastía Qing y de las eras republicanas durante la guerra civil). Se implementó un tratamiento obligatorio de rehabilitación para los adictos, brutal para los estándares modernos pero efectivo: eran enviados a centros de desintoxicación y posteriormente puestos en programas de reeducación y trabajo. Se aplicaron severos castigos contra traficantes y distribuidores, incluidos juicios públicos como medida disuasoria; estos enfrentaron largas condenas de prisión, trabajos forzados y, en algunos casos, la pena de muerte.

Para 1952, las políticas de Mao Zedong habían erradicado por completo el tráfico de opio a gran escala y la adicción masiva se había desplomado, consolidando el fin del llamado Siglo de la Humillación Nacional (1839-1949). Ningún otro Estado había logrado erradicar una adicción masiva de tal magnitud en un periodo tan breve, sobre todo en contraste con el fracaso del Estado Qing tardío, la China republicana y las potencias coloniales a la hora de enfrentar el problema del opio.

En esos mismos años, dentro de su ofensiva contra el capital extranjero y el legado colonial, Mao Zedong también se fue contra todas las propiedades que la familia Sassoon tenía en China, especialmente sus rascacielos y edificios en Shanghái. El Partido Comunista chino terminó confiscando definitivamente todos sus bienes sin compensación alguna, y Sir Victor Sassoon tuvo que abandonar Shanghái rumbo a Inglaterra, perdiendo casi todo su imperio inmobiliario. 

Esta confiscación se llevó a cabo mediante un mecanismo de presión fiscal sobre las empresas extranjeras. El régimen abrió una campaña de impuestos retroactivos y multas enormes por supuestos «abusos coloniales» del pasado y, al quedar esas empresas sin liquidez para pagarlos, les perdonó las deudas y les otorgó permisos de salida a cambio de transferir gratuitamente todas sus propiedades al Estado chino.

El gobierno de Mao no destruyó los edificios de los Sassoon, sino que los renombró y los reutilizó para los fines del Estado comunista. Muchas de sus propiedades en Shanghái fueron remodeladas en la década de 1980 y siguen en pie hasta la fecha. Destaca la que fue la sede principal de la firma, la Sassoon House, ubicada en el distrito financiero de Shanghái: hoy es el Fairmont Peace Hotel, cuya propiedad pertenece al gobierno de China.

Con el problema del opio resuelto a principios de la década de 1950, el Partido Comunista de China dirigió su atención a otra herencia pendiente del Siglo de la Humillación: la recuperación de Hong Kong, un territorio que China consideraba arrebatado precisamente como consecuencia de las Guerras del Opio, décadas atrás.

Antes de la ocupación británica, Hong Kong era una isla escasamente poblada, ubicada estratégicamente en la desembocadura del río Perla y adyacente a Guangzhou (Cantón). Bajo el Sistema de Cantón (1757–1842), este era el único puerto chino donde el Imperio Qing permitía el comercio exterior. Gran Bretaña quería una base fuera de la jurisdicción china para proteger el comercio —incluyendo el del opio—, y Hong Kong ofrecía un puerto de aguas profundas, una base naval segura y un enclave comercial permanente independiente del control de los Qing.

Hong Kong fue anexionada de manera incremental como resultado de las derrotas de China en las Guerras del Opio: la isla fue cedida en 1842 tras la Primera Guerra del Opio, mientras que los territorios del sur de Kowloon y la isla Stonecutters se añadieron a la colonia en 1860 tras la Segunda Guerra del Opio, lo que le dio a Gran Bretaña un dominio estratégico sobre las rutas comerciales del sur de China. La mayor ampliación territorial ocurrió en 1898 con la Segunda Convención de Pekín, que representó el tercer y último ensanchamiento de la colonia. Gran Bretaña obligó a China a firmar esta convención, que consistía en un arrendamiento por 99 años de los territorios chinos circundantes a Hong Kong.

Esos nuevos territorios, conocidos como los Nuevos Territorios, incluyeron el norte de Kowloon y más de 200 islas periféricas, y constituían alrededor del 90 % de la superficie total de Hong Kong. Fueron arrendados por 99 años, con vencimiento el 30 de junio de 1997, y de ellos dependían el suministro de agua, la energía, el transporte, los alimentos, los puertos y la defensa de la colonia.

Con la firma de la Declaración Conjunta Sino-Británica en 1984, el Reino Unido y China acordaron el traspaso. El 1.º de julio de 1997, todo el territorio de Hong Kong —no solo las tierras arrendadas— fue oficialmente devuelto a China, poniendo fin a 156 años de dominio colonial británico. A pesar de que el Reino Unido poseía legalmente la isla de Hong Kong, el sur de Kowloon y la isla Stonecutters, no podía sostenerlas de forma realista por sí solas sin que la colonia colapsara económicamente; ante la superioridad militar de China y la falta de justificación política, optó por una retirada ordenada con garantías negociadas, como el principio de «un país, dos sistemas».

El sistema de «un país, dos sistemas» fue diseñado por Deng Xiaoping, líder de China tras la era de Mao Zedong, décadas antes del traspaso de Hong Kong. Fue concebido para la reincorporación de Taiwán, Hong Kong y Macao, ya que les permitía conservar sus antiguas leyes aun siendo parte de la China continental socialista, como una estrategia para facilitar el proceso y mantener la estabilidad una vez consumado. Hong Kong es territorio chino, pero, a diferencia de las provincias del país, mantiene una autonomía interna: tiene un gobierno local propio, un sistema legal heredado del Reino Unido con tribunales independientes y un libre mercado con su propia moneda (el dólar hongkonés) y su propia bolsa de valores (HKEX), entre otras particularidades. Así, uno de los últimos vestigios de las Guerras del Opio terminó reintegrándose a la China que aquel comercio ayudó a humillar, cerrando un ciclo de más de siglo y medio.

Fuentes y referencias

  • «Opium Monopoly in India and Indonesia in the Eighteenth Century», Om Prakash, revista The Indian Economic & Social History Review.
  • «Opium and Migration: Jardine Matheson’s imperial connections and the recruitment of Chinese labour for Assam, 1834–39», revista Modern Asian Studies (Cambridge University Press).
  • «Anti-Drug Campaigns and State Building: China’s Experiences in the 1950s», Zhou Yongming, revista CEMOTI (Cahiers d’Études sur la Méditerranée Orientale et le monde Turco-Iranien).
  • «La apertura de China y Japón en el siglo XIX», artículo académico disponible en el portal Dialnet.
  • «El ascenso de China como potencia mundial», artículo académico disponible en el portal Dialnet.
  • «La política exterior china en el marco de la Primera Guerra del Opio», trabajo de investigación disponible en el repositorio institucional (idus) de la Universidad de Sevilla.
  • «Un país, dos sistemas: análisis geopolítico sobre la importancia de Hong Kong y Macao para la República Popular de China», artículo disponible en el repositorio académico de la red de universidades AUSJAL.
  • «Hong Kong. Crisis en el modelo «un país dos sistemas»», artículo de la revista académica de la Universitat de Barcelona (revistes.ub.edu).
  • «Warren Delano Jr.», Hudson River Valley Heritage, exhibición digital sobre la historia familiar de Franklin D. Roosevelt.
  • «The Social Life of Opium in China, 1483–1999», Zheng Yangwen, revista Modern Asian Studies.
  • «The Sassoon family: The Jewish dynasty who became global merchants», reportaje de Ynetnews basado en la investigación del profesor Joseph Sassoon y la Dra. Limor Kattan.
  • «The rise and fall of the opium-fueled Sassoon dynasty», The Times of Israel.
  • Encyclopaedia Britannica — Opium Wars.
  • Encyclopaedia Britannica — First Opium War.
  • Encyclopaedia Britannica — Second Opium War.
  • Encyclopaedia Britannica — Treaty of Nanjing.
  • Encyclopaedia Britannica — East India Company.
  • Encyclopaedia Britannica — Opium trade.
  • Encyclopaedia Britannica — Jardine Matheson.

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