El Ranking de Competitividad Mundial que elabora el IMD ordena a 70 economías de la más a la menos competitiva. El primer lugar corresponde al país más competitivo del mundo, y a medida que el número de posición aumenta, la competitividad disminuye: cuanto más lejos se encuentra una economía del primer puesto y más cerca del último, peor es su desempeño. México ocupa el lugar 62 de 70, lo que lo sitúa en el tramo final de la tabla, apenas por encima de economías como Brasil y Venezuela.
La competitividad mide la capacidad de una economía para generar un entorno en el que las empresas prosperen, la inversión llegue y el nivel de vida de la población mejore de forma sostenida. Un país competitivo atrae capital, crea empleos de calidad, incrementa su productividad y sostiene su crecimiento a largo plazo. Perder competitividad, en cambio, encarece la inversión, frena la generación de empleo y termina por comprometer el bienestar de los ciudadanos.
Al final, esto lo sufren más los pequeños. En un país poco competitivo, a las pequeñas y medianas empresas (pymes) les cuesta mucho más salir adelante: necesitan más dinero para empezar, los préstamos son caros y difíciles de conseguir, y tienen que competir contra empresas enormes que ya se quedaron con casi todo. Algo similar ocurre con una tienda de barrio frente a una gran cadena: esta última compra a menor costo, ofrece precios más bajos y cuenta con una clientela establecida. Por eso, cuando un país pierde competitividad, no es solo un número en una tabla: significa menos oportunidades para la gente que quiere emprender.
A esto se suma un problema que México no termina de resolver: en muchos sectores clave, la economía sigue dominada por una o dos empresas gigantes. Pasa en la telefonía, en la cerveza, en las embotelladoras de refrescos, en la televisión, en el cemento y en varios mercados más, donde un puñado de compañías controla casi todo. Y no es algo que esté desapareciendo con el tiempo: a medida que la economía crece, estos grupos suelen crecer con ella y afianzar aún más su posición.
Cuando uno o dos jugadores mandan en un sector, tienen menos presión para bajar precios o mejorar su servicio, y a los competidores nuevos les queda muy poco espacio para entrar. Con menos empresas compitiendo, también se crean menos empleos y los sueldos tienden a ser más bajos, porque la gente tiene menos opciones de dónde trabajar y las compañías dominantes no necesitan ofrecer mejores salarios para atraer talento. Esa concentración es una de las razones de fondo por las que México sigue estancado en los últimos lugares de competitividad.
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Fuentes
IMD World Competitiveness Center, World Competitiveness Ranking 2026. Disponible en: https://www.imd.org/centers/wcc/world-competitiveness-center/rankings/world-competitiveness-ranking/rankings/wcr-rankings/ (consultado el 28 de junio de 2026).